Sauce ciego, mujer dormida

26 abril
SAUCE CIEGO, MUJER DORMIDA

“Al cerrar los ojos percibí el olor del viento……….Sauce ciego, mujer dormida…… Aquella tarde ella se lo preguntó:

– Oye ¿hace mucho que tienes la costumbre de hablar a solas?……… Al fijar la vista, la conciencia se volvía roma. Y daba la impresión de que ella hubiera levantado una esquina del mundo y de que en ese momento estuviese desembrollando, poco a poco, sus hilos. Y lo hacía de forma mecànica, con gran apatía, como si fuera consciente de que aquello le llevaría su tiempo, pero de que debía desenredarlos bien, desde el principio……

ella era para el la cara oculta de la luna…….. Ella, mayor que él, decía: Soy una mujer feliz, en mi matrimonio no hay ningún problema que pueda ser calificado como tal.”¿Y entonces por què se acuesta conmigo?”, se preguntaba él. Había reflexionado mucho sobre ello, pero no había logrado hallar la respuesta. ….. “Podía preguntarle con franqueza: ¿Si tan feliz eres, por qué te acuestas conmigo”? “Si lo hago seguro que se hechará a llorar”, decidía él.

…. ella lloraba a menudo…. lloraba quedamente….. él no comprendía por què… y una vez se hechaba a llorar ya no paraba….

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TANGO ENTRE AMIGOS

TANGO ENTRE AMIGOS. BARENBOIM-MADEROS-CONSOLE
a l’Anna pels nous móns que em descobreix.
CONTRABAJEANDO 1954
C Corazón
O Olvido
N Nación
T Tierra
R Razón
A Arlequín
B Barrio
A Alegría
J Jadeo
E Elección
A Amigo
N Natural
D Dios
O Otoño
1954

En el corazón de Héctor, al igual que en el mío, permanece el recuerdo de aquella tarde de otoño de 1954. En su adulta-adolescencia junto con un grupo e amigos improvisaron ritmos de su querida nación ¿Por qué salió la palabra?, para él tenía negros recuerdos. Aquella tarde la aniquilaron y siempre mas utilizaron la palabra TIERRA, eso sí, en mayúsculas. Juntos reinventaron ritmos de su TIERRA. No les sirvió la razón para crear aquellos queridos compases, fueron hondos sentimientos que tan pronto afloraban del piano de Daniel, como del bandoneón de Rodolfo o bien del contrabajo de Héctor.
Los sones danzaban alegres, como si de un arlequín se tratase, dando brincos de barrio en barrio, recorriendo primero Buenos Aires “Mi Buenos Aires querido”, luego, lentamente, todos los pequeños e incluso más recónditos y olvidados lugares de la gran Argentina, Bailecito.
El bandoneón de Rodolfo se dejaba oir cuando la alegría del pueblo afloraba; el jadeo del contrabajo, cuando la angustia de algún incomprendido amor llegaba hasta ellos; y el piano de Daniel elegía los acordes necesarios para reflejar lo que los amigos de la querida TIERRA insinuaban a través de sus corazones.
La inspiración les llegaba a través de los ritmos que bailaron de chicos -el tango-, de las melodías que las madres les habían susurrado en los oídos, y que ya jamás olvidaron. Ellos eran aquellos ritmos, aquellas melodías.
Daniel empezó a emocionar a sus amigos, al arrancar de las teclas del piano una sentida melodía Adios nonino. Todos permanecieron con el alma en vilo, casi no podían respirar, era una ofrenda, una despedida del padre, del padre de todos, del padre de Astor, del padre de Argentina. Era una oración que seguro llegó a los oídos de Díos.
Luego el bandoneón de Rodolfo se quejó dulcemente, junto con la poesía de Mi Buenos aires querido, el piano de Daniel y el contrabajo de Héctor unieron sus acordes durante unos eternos minutos y fueron deshojando la nostalgia de sus almas, que dulcemente flotaba por los aires y seguro llegó a todos los rincones de la tierra argentina, incluso a los corazones de aquellos que de lejos no pueden olvidar.
Alegremente los recuerdos afloraban: El día que me quieras, Primavera porteña, La moza donosa, Verano porteño,…., hasta que Héctor arrancó de su contrabajo los quejidos de Contrabajeando y nos dejó aturdidos, escuchando los graves sones que pronto fueron seguidos por un tímido piano, que enmudecía o gritaba, acompañando emocionadamente aquel sorprendente ritmo que Héctor nos regalaba. Fueron momentos mágicos.
Al caer la tarde y luego de escuchar Bailecito, el piano enmudeció junto con el contrabajo y el bandoneón; sabíamos que aquella alegría contenida, por su inmensidad nos acompañaría a lo largo de nuestras vidas. Fué una tarde inolvidable. Fuímos Argentina.
Lídia Sender

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MARUJA TORRES

29 junio
TODOS LOS JUNIOS de Maruja Torres
“Todos los junios
MARUJA TORRES 29/06/2008
En mi infancia y adolescencia, junio era el mejor mes del año. El mes de las procesiones, que contemplábamos desde los balcones y ventanas, y que nos permitían arrojar serpentinas y confetis. Reinventábamos el aire, poblándolo de puntitos y estelas de colores, que entonces eran tan básicos como nuestras diversiones: elementales, esenciales. Los del arco iris, anteriores a Benetton y a las gamas de lilas y de grises y de marrones de que ahora disfrutamos, al menos externamente.
Era también el mes en que preparábamos el nuevo y modesto vestido de verano, que nos serviría para las fiestas. De la compra de petardos, apretujados los chiquillos en comercios que a veces volaban por los aires. De la madera quemada, de los muebles inservibles fundidos en hogueras, de los chavales –y alguna niña– saltando por encima de las chispas y las llamas. Del champán barato y de los primeros bailes en las azoteas. Era el mes de las excursiones en tren hacia los merenderos de la sierra, el mes en que el aroma del puerto se pegaba al sudor de nuestros cuerpos por descorchar. En junio, todas nuestras tardes eran mejores que las de Teresa, aunque eso nunca le interesó al pobre Pijoaparte, y así acabó.
Dice Edith Wharton en la introducción a su autobiografía: “No hay nada parecido a la vejez; tan sólo hay dolor”. Afirmación –o negación– tan categórica puede aterrorizarnos sobre todo a quienes hemos entrado ya en esa etapa, pero la autora de La edad de la inocencia supera la severidad de este primer juicio, atenuándola con el siguiente párrafo, que más bien parece un consejo práctico digno de figurar en un inteligente libro de autoayuda (aunque toda la buena literatura ayuda, y mucho) para la vejez, época en la que “el hábito es necesario; es contra el hábito de crear hábitos, de convertir un sendero en un surco, contra lo que debemos rebelarnos incesantemente quienes pretendemos continuar vivos”.
Envejecer es también perder, eso lo sabemos quienes hemos llegado a este punto del trayecto. Perdemos personas, paisajes, estructuras, refugios. Resulta obvio que también ganamos: experiencia, sabiduría, dolor. Y que cambiaríamos estas magras adquisiciones por disfrutar, aunque fuera unos días, de lo mejor de nuestros verdes años. Dado que ello es imposible porque Fausto es un mito y los liftings un embustero apaño, nos entregamos resignadamente al disfrute apesadumbrado de las conquistas realizadas. Esa serenidad, esa tierna melancolía… Sí, pero ¿ya nada será igual que antes, nunca más? ¿Retroceder para no confiarse y caer en el peor momento? ¿No aventurarse, no arriesgar, gozar sólo de una cómoda calma o de un asiento en el patio trasero? ¿Pertrecharse tras los pequeños hábitos que hemos arado para convertirlos en un surco seco?
Es cierto que ya no queman maderas en nuestras esquinas ni nos arde en el pecho la demente pretensión de inmortalidad que acompaña a la iniciación a la vida. Pero adaptarse a los cambios que nos convienen –que incluso nos convienen mucho–, y hacerlo con alegría, no está en contradicción con la rutina de mantener la nostalgia debida a lo perdido.
Dejadme, pues, que al final de este junio os cuente que durante su transcurso me he entregado a la costumbre de recordar confetis y serpentinas, procesiones, guateques, verbenas y fogatas, excursiones al campo, merenderos, vestidos de percal y sandalias de charol, de tiras de colores como los del confeti, como los del arco iris. Y que también os confíe lo que este junio último me ha ofrecido de nuevo. Me ha dado la constatación de que mis amigos –los que quedan, los nuevos– me quieren y están a mi lado; cinco viajes en avión para acercarme a los que amo, numerosos mensajes electrónicos cariñosos, el cambio de tonada que mi teléfono móvil ha establecido por su cuenta; un divertido anuncio por e-mail (“Update your pennis”: un archivo) y, como siempre, la generosidad de los extraños. El olor a madera quemada de las verbenas de mi infancia, sí, en el recuerdo. Y en el presente, el aroma de los castaños del Retiro.”
Me he identificado tanto con este artículo de Maruja Torres, que lo he reproducido en el blog , para poder releerlo. Cuanto sabe Maruja Torres y que bien que escribe, si yo escribiera igual de bien, estas letras podrían haber sido escritas por mi. Gracias Maruja por ser y estar.

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Sauce ciego, mujer dormida

“Al cerrar los ojos percibí el olor del viento. Un airecillo de mayo con turgencias afrutadas. Ahí estaba la piel, y la pulpa, blanda y jugosa, y las semillas. La fruta reventó en el aire y las semillas, convertidas en una nube de blandos perdigones, dieron contra mi brazo desnudo. Atrás, sólo dejaron un dolor tenue.”
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“-Pues sí, la verdad -suspiró-. Lo peor es el miedo. Lo mas horrible, lo que más miedo me da, no es el dolor en sí, es imaginar el daño que pueden llegar a hacerme. ¿Me entiendes?”
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“En aquella habitación todo estaba reseco, perdidos el color y el aroma que habían poseído en el pasado. Sólo el tiempo permanecía inalterado, de una manera casi prodigiosa.”

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APEL.LES FENOSA

“El dimoni, en forma de noia, va, a vegades, a la cambra alta d’Apel.les Fenosa -però només se’l coneix pels ulls i el somriure. Tota la cambra cau llavors dins l’àrea imantada d’aquells ulls: tot esdevé submarí. Quan en sortia -està massa segur del voste retorn per a retenir-vos – teniu un vague record del que heu vist i heu parlat: petites figures que sempre caben dins la mà, il.lustracions al Llibre d’Amic e amat per a la traducció de Max Jacob, el retrat, electritzat, de Cocteau, com un atre petit dimoni, sobre uns llibres, el d’Eluard, intangible, i una gran col.lecció de líquens, símbols de l’amor pur, de l’amor etern, simbiosi desinteressada…..”

Al núm. de juny 1947 de la revista Ariel, Palau i Fabre publicà aquesta nota.

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suau com el vellut

regal del Carles per St. Jordi
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lliri morat

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lliri blau Lliri de la família de les iridàcies, rizomatós, de fulles ensiformes i dístiques i flors d’un blau violaci, amb tres pètals erectes i tres tombats cap avall, d’origen incert, cultivat com a ornamental i en alguns llocs naturalitzat (Iris germanica).
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TOCA, TOCA, BON PASTOR,
I NO EMNOMENES,
PER LA FLOR DEL LLIRI BLAU;
MAN MORT EN RIU D’ARENES.

Joquin Rodrigo. Per la flor del lliri blau

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Para Mario Benedetti

AMOR DE TARDE
Es una lástima que no estés conmigo

cuando miro el reloj y son las cuatro

y acabo la planilla y pienso diez minutos

y estiro las piernas como todas las tardes

y hago así con los hombros para aflojar la espalda

y me doblo los dedos y les saco mentiras.

Es una lástima que no estés conmigo

cuando miro el reloj y son las cinco

y soy una manija que calcula intereses

o dos manos que saltan sobre cuarenta teclas

o un oído que escucha como ladra el teléfono

o un tipo que hace números y les saca verdades.

Es una lástima que no estés conmigo

cuando miro el reloj y son las seis.

Podrías acercarte de sorpresa

y decirme “¿Qué tal?” y quedaríamos

yo con la mancha roja de tus labios

tú con el tizne azul de mi carbónico.
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Javier Tomeu. Entrada per recordar que el vull comprar.

PECADOS GRIEGOS
Javier Tomeo
Bruguera Narrativa

Año de publicación: 2009
Número de páginas: 160
Precio Aproximado: 16€
Genero: Novela

Javier Tomeo dibuja la conversación nocturna entre Fedra y Godofredo, un enano adivino, en su último libro, Pecados griegos. Un diálogo en un jardín de un palacio en la Antigua Grecia, a la luz de la luna le sirve de escenario para lanzar reflexiones al lector, pero siempre de manera lúdica.

Fedra quiere consultar al enano Godofredo, un adivino republicano, feo, deforme, pero muy sabio, el significado que tendrá en su futuro un gemido que ha escuchado en sueños. En la conversación surgirá el proyecto de Fedra de ir a Eulisis ya que su nodriza, Eunone, le ha hablado del rito de Perséfone y Deméter.

Godofredo, como adivino, emplea palabras y argumentos que aún no se han inventado ni empleado, y a lo largo de esta charla, en busca de la clave del gemido, hará gala también de su extenso conocimiento sobre la mitología griega.

Otras obras del mismo autor en nuestra base de datos:

Los amantes de silicona (2008)
Bestiario (2007)
La noche del lobo (2006)
El cantante de boleros (2005)
Doce cuentos de Andersen contados por dos viejos verdes (2005)
La mirada de la muñeca hinchable (2003)
Istorias Menimas (2003)
Cuentos perversos (2002)
La soledad de los pirómanos (2001)
La agonía de Proserpina (2001)
La patria de las hormigas (2000)

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Conta l’escriptor Javier Tomeu que les bruixes, que mai no ploren per més gran que sigui el seu dolor, poden, en canvi, guiscar i bramar.

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